jueves, 24 de julio de 2003

Quemaduras estivales

Ha llegado el verano: días más largos, bebidas en las terrazas, temperaturas más altas y agradables, ropa más ligera y sugerente, vacaciones... Pero no todos los aspectos estivales son tan positivos como puede parecer. Por ejemplo, el calor.

La canícula provoca que los incendios se multipliquen. Durante el año 2001 se quemaron en España más de 93.000 hectáreas de terreno y el año 2000 casi 200.000. Las cifras están lejos de las más de 400.000 hectáreas quemadas en años como el 94 y el 89.

En 2002 la cantidad se redujo a 86.000 hectáreas quemadas, pero los datos siguen siendo preocupantes, ya que el número de incendios provocados es creciente. Las elevadas temperaturas sólo se ocupan de propagar con mayor intensidad el fuego destructor.

Otras de las quemaduras en las que tiene especial incidencia que provoca el calor solar son los cánceres de piel. Los rayos ultravioleta son la principal causa de los melanomas. Esta enfermedad cancerosa de la piel afecta a 1 de cada 75 personas y la extendida moda de “ligar bronce” hace que en nuestro país se registren unos 900 nuevos casos anuales de esta patología, provocando unos 70 fallecimientos.

Ambos tipos de quemas o quemaduras se fortalecen en la época estival, pero no son las únicas que encuentran en el verano un excelente caldo de cultivo para su descontrolada e imparable propagación. Los meses veraniegos son también los más elegidos para disfrutar de las vacaciones, y estas, a su vez, con harta frecuencia son origen de múltiples “quemaduras”.

Es habitual empezar a quemarse cuando los niños ya tienen vacaciones y no se sabe que hacer con ellos todo el día en casa porque, evidentemente, tú aún no tienes vacaciones. A veces poder compatibilizar las vacaciones con los compañeros de trabajo es otra causa de “quemazón”: todos las queremos en las mismas fechas, y no puede ser.

Cuando ya disfrutas de esos merecidos días de asueto, continúan las quemaduras: te quemas al salir de viaje (vuelos con retraso, caravanas descomunales, trenes atestados,...) te quemas durante el viaje (desastrosos hoteles, tiempo horroroso, ruinosos apartamentos...) y te quemas al regreso del viaje (vuelta al trabajo, estrés, ni un euro en el bolsillo...)... Pero si quieres saber lo que es rizar el rizo de quemarse en vacaciones, sólo permite que tu familia pase esos días vacacionales en tu casa mientras tu tienes que trabajar. A parte del caos en que se convierte tu hogar, es espectacular la quemadura que produce ver como otros disfrutan a la vez que, inexorablemente, tu pringas en el trabajo, ...y encima les tienes que hacer de guía.

viernes, 6 de junio de 2003

La decadencia del voto

El apartado primero del artículo 23 de nuestra Constitución dice que “los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal”.

Ante las limitaciones de todo tipo para participar en los asuntos públicos de muchos de nosotros, ejercer el derecho al voto es el único modo de intervenir en esas materias públicas. Así, la acción de votar se concibió como uno de los paradigmas de la democracia.

Pero desde los orígenes griegos de este igualitario sistema para adoptar las decisiones, perfeccionado durante 20 siglos de revoluciones y grandes pensadores, parece que a principios del siglo XXI el concepto de votar haya degenerado hasta fines insospechados. En una sociedad dominada por el dinero, entregada a la comodidad y desalojada de toda inquietud ideológica y en la que solo prima el consumismo, hasta el derecho al voto se ha desvirtuado.

Otrora ese derecho de los ciudadanos se reservaba para la adopción de decisiones transcendentes, ahora, su importancia se diluye en nimiedades. Se nos invita a votar en tantas situaciones que tal vez ya seamos incapaces de discernir unas de otras. Se vota para expulsar a no se quien de no se que isla, hotel, casa o academia. Se vota para elegir tal o cual canción del verano. Se vota para... Tanta votación te obnubila, y cuando llegan las elecciones serias, uno no sabe si vota para que Aznar o Zapatero se queden en su casa, se vayan a un hotel, vuelvan a la academia o se pierdan en una isla... A ellos les da igual, mientras les voten.

El problema es que esta devaluación del sufragio la promueven los mismos poderes públicos. Recientemente Correos celebró elecciones sindicales. La empresa decidió poner mesas únicas en algunas provincias. Eso dificultaba el derecho al voto, pues algunos electores debían desplazarse 100 kilómetros para votar y no se les facilitara ningún medio de transporte. Podían votar por correo, pero bueno, todos tenemos derecho a dudar de ese sistema y hacerlo personalmente. El caso es que alguien reivindicó su derecho a votar personalmente y a que se le facilitara ese derecho. Correos hizo caso omiso, y esa persona decidió ejercerlo por sus propios medios: recorrió a pie los 60 kilómetros que separaban su puesto de trabajo del lugar donde se ubicó la urna. Tardó más de siete horas, y otro tanto para volver, perdiendo dos días de trabajo. Ahora Correos tal vez tome represalias contra él por haber ejercido su derecho al sufragio personal. Este voto le puede salir caro, pero sin embargo puede emitir un decadente voto en “Gran Hermano” a través de SMS y por el módico precio de 0,45 euros, o algo así.